Nuestra voz es el resultado de un aprendizaje largo y constante, desde nuestros primeros balbuceos y palabras aprendidas de nuestros padres hasta la capacidad de comunicar plenamente nuestros pensamientos, ideas y emociones. Como adultos creemos que ya sabemos utilizar nuestra voz, que siempre será la misma y damos por supuesto que nunca se nos acabará. Cada una de nuestras palabras está teñida de sentimientos, estados de ánimo y deseo de comunicarnos. Por ello es necesario cuidar y mimar la herramienta que tenemos para expresarnos, sobre todo aquellas personas cuyo instrumento de trabajo fundamental es la voz.
Pensamos que manejar la voz con soltura y de manera adecuada en cada situación es una virtud o una capacidad innata. Sin embargo, con las técnicas vocales, los ejercicios específicos, las conductas saludables y un poco de paciencia podemos favorecer el cuidado de nuestra voz y el desarrollo de su máximo potencial y expresividad.
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